Viernes, 15 de diciembre. 6:30 de la mañana. Suena el despertador. Comienza un día más, pero hoy no es un día cualquiera: hoy es el día de la comida de Navidad de Lombok Design. Pudo haber sido cena, pero la democracia quiso que empezáramos la fiesta a mediodía por un solo voto. Nuestra legendaria solidaridad permitió que los que habían votado cena también disfrutaran de su momento gastronómico nocturno en compañía de los demás. Y aunque nadie había votado desayuno, allí que nos presentamos también, dispuestos a impedir que el día de la celebración navideña se evaporara sin más, antes de haber sido exprimido al máximo.

Pero no adelantemos acontecimientos. Vayamos paso a paso.

La fiesta hay que ganársela

Es uno de los inconvenientes de programar la comida de empresa en un viernes. A primera hora de la mañana todos estábamos en nuestros puestos tecleando, diseñando, programando… Eso sí, en el ambiente relajado se notaban las ganas de que el reloj diera las dos para salir hacia el restaurante (esa es una de las ventajas de celebrar la comida de empresa en viernes, que sales antes.)

Grandes olas en San Sebastián

El restaurante estaba en la parte vieja donostiarra. Nada más llegar, la capital gipuzkoana nos recibió con una tormenta que echó a perder hasta los modelitos más abujardados. Los que aparcaron en Gros aprovecharon para dejarse acariciar por la marea ciclogenética del río. Uno de nosotros a punto estuvo de comer con una familia de corcones en el fondo del Urumea. Le llamamos la atención por su irresponsabilidad al asomarse por la barandilla, con un punto sádico, ya que se trataba del jefe.

Comer es creativo

Una vez sentados a la mesa entramos en calor. Con la excelente comida de la que disfrutamos, y con unas cuantas copas de buen vino, la creatividad que nos caracteriza salió por derroteros distintos a los de la oficina. Quizá nos vinimos arriba por la novedad de no comer en tupper. Por desgracia no hay grabaciones de los mejores momentos. Ejem. Teniendo en cuenta las fechas, tocaba hacer balance del año. Hicimos un recordatorio de los mejores momentos del año y brindamos por nuestros clientes.

El equipo de Lombok Design

Cuando salimos del restaurante la enésima tormenta de granizo nos empujó a refugiarnos en un bar. Por suerte había unos cientos por allí. Era el momento de las copas, los corrillos y las confidencias. Parece mentira, pero a pesar de considerarnos una gran familia bien avenida, es en estos momentos ajenos a la oficina cuando descubres cosas de tus compañeros que aún no sabías.

Una noche sin fin

Lo bueno de hacer comida en vez de cena es que, como se ha comentado, siempre se acaba cenando también. Las patatas bravas, mejillones y calamares de La meji nos dieron la fuerza suficiente para adentrarnos en la vida nocturna. También nos dieron un aliento magnífico para hacernos paso entre la gente, que atestaba los bares huyendo del frío y de la lluvia.

Un mojito

Bien entrada la madrugada se nos planteo la decisión más complicada de la jornada: ¿qué cola hacer, la de la entrada al último local o la de los taxis para volver a casa? Ante este dilema decidimos que lo primordial era la ingesta de alimentos sólidos para enfrentarnos al camino de regreso al hogar de la forma más llevadera posible. De modo que la comida terminó con recena: hamburguesa, pizza, patatas fritas… El banquete terminó a las 6:30 de la mañana del 16 de diciembre. Llevábamos prácticamente 24 horas juntos y aún nos sabía a poco. Pero hay que saber decir basta. Antes de despedirnos programamos una votación para decidir el día en el que haríamos la siguiente comida. O cena. Es lo que tienen las democracias.