La creatividad y el control son antagónicos. Los que investigan estas cosas afirman que esas dos actividades activan diferentes zonas del cerebro y que rara vez podemos encontrar un individuo capaz de simultanearlas. Salvo en el caso de los genios, predomina una actividad u otra. Todo no se puede.

Sin embargo, es bastante común encontrar a personas que afirman ser creativas justo antes de cuadrar un balance, liderar un equipo de trabajo u organizar un evento utilizando una tabla Excel, que son actividades metódicas, rigurosas, cerebrales. Y, en cambio, es muy raro escuchar a una persona realmente creativa que se autodefina así. Normalmente, si piensas que eres creativo quiere decir que no lo eres, ya que si lo fueras serías consciente del vasto universo de posibilidades al que no puedes acceder, algo que si sabe, y sufre, la persona creativa de verdad. Es muy difícil ser creativo de diez a doce y contable de doce a dos. Solo son capaces de eso Steve Jobs, Stanley Kubrick, Norman Foster y dos o tres más.

En general, la persona estructurada es previsora, disciplinada, constante, fiable. La persona creativa es espontánea, ambigua, emocional, ciclotímica. Las dos pagan un precio por ser lo que son. Los primeros pueden sentir, pero les cuesta crear. Y eso es frustrante. Los segundos están sujetos a fuerzas que su voluntad no puede vigilar ni dirigir, incluida la propia creatividad. Y eso es angustioso.

Los investigadores distinguen a las personas creativas gracias a unos aparatejos que hay en el cerebro llamados inhibidores de atención, y que sirven para mantener la concentración en nuestra tarea en medio de un gran barullo: leer una novela en el metro, por ejemplo. Pues bien, al individuo creativo no le funcionan bien, y eso permite que su cerebro reciba información de diferentes ámbitos a la vez y que esos ítems se combinen de forma aleatoria e imprevisible, formando ideas originales. Como un barman que contara con muchos más ingredientes para sus cócteles.

Por eso, los individuos creativos necesitan espacio libre a su alrededor, un ecosistema de estímulos y descontrol. Decía Ogilvy, tal vez el publicitario más famoso de la historia, que cuando no se le ocurría nada se iba dar un paseo en bicicleta, se alejaba del problema, de los horarios, de los prejuicios mentales y de las limitaciones. Del control.

A las personas estructuradas hay que darles objetivos. A las personas creativas hay que darles libertad.